• Inicio
  • Recursos para Docentes
  • Proyectos
  • Innovación Educativa
Casa/Proyectos/Cómo formular objetivos claros y medibles

Cómo formular objetivos claros y medibles

Uno de los errores más comunes al comenzar un proyecto escolar es tener muchas ideas, pero no saber exactamente hacia dónde queremos ir. Es entonces cuando aparecen las dificultades.

Si los objetivos no están claros el trabajo se dispersa, las actividades pierden sentido, y el equipo termina confundido o frustrado. Por eso, formular buenos objetivos no es un detalle técnico, es una parte fundamental del proyecto. Los objetivos funcionan como una guía; nos ayudan a tomar decisiones, organizar acciones y evaluar si realmente estamos logrando lo que buscamos.

Ahora bien, ¿qué significa que un objetivo sea claro y medible? Lo primero a considerar, es que pueda entenderse fácilmente, un objetivo demasiado amplio o ambiguo genera confusión.

No es lo mismo decir: “concientizar sobre el ambiente” que decir: “desarrollar una campaña de reciclaje en la escuela para reducir la cantidad de residuos generados durante un mes”.

En el segundo caso, sabemos: qué se quiere hacer, dónde, con qué finalidad, y hasta podemos observar resultados. Es ahí donde aparece otro aspecto importante: que el objetivo sea medible. Esto no significa convertir todo en números, sino poder observar avances concretos.

Como docente también sirve preguntarnos:
¿Cómo vamos a saber si lo logramos?
Qué evidencias vamos a mirar?
¿Qué cambios esperamos generar?

También es muy importante que los objetivos sean posibles de lograrlos y no un mero cumplimiento o formalidad producto de alguna exigencia institucional. Puede ocurrir también, que desde el entusiasmo, busquemos abarcar demasiado, y eso lleve a un desgaste del equipo.

Entonces es importante que como docentes tengamos claro que un objetivo alcanzable no limita el proyecto, le da dirección. En proyectos escolares, además, hay algo fundamental: construir los objetivos junto con los estudiantes.

Si trabajamos con adolescentes, y participan de esa definición, entienden mejor el propósito y se comprometen más con el proceso, porque ya no sienten que están haciendo una actividad “para la escuela”, ahora sienten que forman parte de algo, y eso cambia completamente la manera de trabajar.

Formular buenos objetivos lleva tiempo, requiere conversar, ajustar ideas, revisar, pero vale el esfuerzo.

Cuando los integrantes de un proyecto saben hacia dónde va orientado su trabajo, todo empieza a tener más sentido.

Para llevar a la práctica:

Antes de comenzar un proyecto, intentá responder estas preguntas:

¿Qué queremos lograr realmente?
¿Cómo sabremos si avanzamos?
¿Es posible alcanzarlo con el tiempo y recursos que tenemos?
¿Los estudiantes comprenden y comparten ese propósito?

Muchas veces, la causa de avance de un proyecto reside en la claridad del objetivo, y es preferible redactar un objetivo en la etapa inicial del proyecto e ir redefiniéndolo de acuerdo al avance del proyecto, que plantearlo por primera vez cuando el proyecto entre en crisis.

Autor

Teresita M González Azcoaga

Sígueme
Otros Artículos
Anterior

¿Quién Soy?

Siguiente

Planificación paso a paso: de la idea a la acción

Sin Comentarios! Ser el primero.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *