Cómo formar estudiantes protagonistas
Durante mucho tiempo, la escuela estuvo organizada alrededor de una idea bastante clara: el docente enseña y el estudiante aprende.
El docente explica, organiza, transmite conocimientos y propone actividades. El estudiante escucha, toma apuntes, responde preguntas y cumple con las tareas.
Pero la educación cambia. Y también cambian las preguntas que nos hacemos sobre cómo aprenden nuestros estudiantes.
Hoy necesitamos preguntarnos:
¿Qué lugar ocupa el estudiante en su propio proceso de aprendizaje?
Porque no es lo mismo aprender para cumplir con una tarea que aprender para comprender, crear, decidir y transformar.
Formar estudiantes protagonistas implica ayudarlos a pasar de un rol pasivo a uno activo. Significa generar oportunidades para que puedan tomar decisiones, expresar sus ideas, asumir responsabilidades y comprender que sus acciones tienen un impacto en su propio aprendizaje y en el entorno que los rodea.
¿Qué significa que un estudiante sea protagonista?
Un estudiante protagonista no es simplemente aquel que participa mucho en clase, el protagonismo va mucho más allá. Es un estudiante que puede preguntar, investigar, proponer, tomar decisiones, equivocarse, revisar sus ideas y buscar soluciones.
Es alguien que comprende que aprender no significa solamente recibir información, sino también construir conocimiento a partir de sus experiencias y de su relación con los demás.
Esto no significa que todos los estudiantes tengan que hacer lo mismo ni participar de la misma manera. Cada uno puede encontrar diferentes formas de involucrarse: algunos se destacan al investigar. Otros al crear. Otros al comunicar. Algunos encuentran su fortaleza al resolver problemas o al trabajar en equipo.
Nuestro desafío como docentes es generar oportunidades para que esas capacidades puedan aparecer, el docente no pierde protagonismo: transforma su rol
Cuando hablamos de estudiantes protagonistas, a veces aparece una preocupación:
¿Entonces el docente deja de ser protagonista?
La respuesta es no.
El docente sigue siendo fundamental, pero su rol se transforma.
Ya no se trata solamente de transmitir conocimientos, sino de diseñar experiencias de aprendizaje, acompañar procesos, hacer preguntas, generar desafíos y ofrecer las herramientas necesarias para que los estudiantes puedan avanzar.
Un docente que guía no desaparece del aula, está presente aunque no siempre esté hablando; está observando aunque no esté marcando constantemente un comportamiento; está escuchando aunque no responda a lo que alguien dice. Entonces: ¿Qué hace este docente? Interviene cuando es necesario, acompaña, orienta y también sabe cuándo dar un paso al costado para permitir que sus estudiantes hagan, decidan y aprendan por sí mismos.
Porque tiene claro que acompañar no significa hacer por el otro, sino crear las condiciones para que el otro pueda hacerlo.
¿Cómo podemos formar estudiantes protagonistas?
No existe una única estrategia, el protagonismo se construye a través de muchas pequeñas decisiones cotidianas, alguna de ellas son:
- Darles voz, preguntar qué piensan, qué les interesa, qué preguntas tienen y qué temas les gustaría investigar. Cuando escuchamos sus voces, les estamos diciendo que sus ideas tienen valor.
- Plantear problemas reales, los estudiantes se comprometen de otra manera cuando comprenden que aquello que aprenden tiene relación con el mundo que los rodea. Un problema real puede convertirse en una oportunidad para investigar, analizar, crear y buscar soluciones.
- Promover el trabajo colaborativo, trabajar en equipo no significa simplemente dividir tareas, sino aprender a escuchar otras ideas, argumentar, negociar, asumir responsabilidades y construir algo junto a otros.
- Permitir que tomen decisiones sobre ¿Qué tema investigar? ¿Cómo resolver el problema? ¿Qué producto elaborar? ¿Cómo comunicar lo aprendido? Darles espacios de decisión les permite desarrollar autonomía y asumir responsabilidades sobre su aprendizaje.
- Valorar el error, un estudiante difícilmente será protagonista si siente que equivocarse es peligroso. Necesitamos construir aulas donde el error pueda ser analizado y utilizado como una oportunidad para aprender. Porque quien nunca se equivoca quizás tampoco se está animando a intentar algo nuevo.
- Evaluar el proceso, si queremos estudiantes protagonistas, también necesitamos transformar nuestra manera de evaluar. No mirar únicamente el resultado final, sino observar el proceso, las decisiones, los avances, las dificultades y la capacidad de revisar y mejorar. La evaluación puede convertirse así en una herramienta para que los estudiantes comprendan cómo están aprendiendo.
El protagonismo también se enseña. nadie se convierte en protagonista de un día para otro. Si durante todo un año les dijimos a nuestros estudiantes qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo, no podemos esperar que de repente sean completamente autónomos.
La autonomía también se aprende, y para aprenderla necesitamos oportunidades. Primero quizás podamos ofrecer pequeñas posibilidades de elección, después, permitir que tomen algunas decisiones, y más adelante, acompañarlos para que puedan planificar, organizarse y evaluar sus propios procesos.
El protagonismo se construye progresivamente, se enseña dando oportunidades para ejercerlo, quizás no necesitamos transformar todo nuestro modo de enseñar de un día para otro, pero podemos empezar con una pregunta sencilla:
¿Qué decisión sobre su aprendizaje podría tomar hoy mi estudiante que hasta ahora tomaba yo?
Puede ser una pequeña decisión, elegir un tema para investigar, proponer una actividad para los compañeros, decidir cómo presentar un trabajo, elegir una estrategia, participar en la evaluación. Lo importante es comenzar a abrir espacios.
Cada vez que permitimos que un estudiante piense, decida, cree y asuma una responsabilidad, estamos dando un paso hacia una educación más participativa. Para transformar la educación, primero debemos transformar las preguntas, formar estudiantes protagonistas no significa dejar de enseñar, significa enseñar de una manera que permita que el otro también pueda pensar, decidir, crear y transformar.
Quizás el verdadero desafío no sea preguntarnos cuánto hablamos nosotros en el aula, sino cuánto espacio estamos generando para que nuestros estudiantes puedan hacer oír su voz. Cuando un estudiante deja de ser solamente quien recibe una consigna y comienza a preguntarse «¿Qué puedo hacer con lo que estoy aprendiendo?», algo empieza a cambiar. Y quizás ahí comienza el verdadero protagonismo.
Educar para transformar también significa enseñar a nuestros estudiantes que ellos tienen algo para aportar y que sus ideas, decisiones y acciones pueden transformar su realidad.
Para pensar:
¿Qué espacio de protagonismo estás ofreciendo hoy a tus estudiantes?